miércoles, 25 de septiembre de 2013

Una tarde se topó con ella mientras merendaba. Fue un flechazo, la mascota de las galletas María había llegado para quedarse. Tan maleable, risueña, tan juguetona. Hoy, Fernando no puede desprenderse de ella. En el trabajo, en la piscina, mientras folla, allí está siempre presente la galleta doradita, observando con esos ojazos pícaros que parecen decir: Estás atrapado Fernando.

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