Se acercó majestuoso hasta llegar a su altura sobre una cinta transportadora. Su carne etérea casi parecía una broma. Dos bolsas negras adornaban con gracia sus ojos. <<¿Qué quieres de mi?>>. Preguntó con voz entrecortada el muchacho. <<Dale un beso al yayo>>. Respondió él, mascando terriblemente las palabras.¡Por todos los santos! Juro que aquel espectro grotesco tenía la apariencia de Enrique Vila-Matas, el Vila-Matas de la picardía infinita. Mezcla sentida de religión y asco. Vila-Matas Trinity.

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